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Pulpos y la complejidad de la coordinación de “ocho brazos”

Los pulpos son animales invertebrados pertenecientes a la Clase Cephalopoda, del Orden Octopoda, que se destacan por su admirable inteligencia y el amplio uso de sus ocho brazos para diferentes funciones complejas y, a menudo, independientes del resto del organismo. Con el sistema nervioso más desarrollado entre los invertebrados, estos animales poseen cerca de 500 millones de neuronas y tres porciones principales: el cerebro central, el lóbulo óptico y la red neuronal distribuida en los brazos (Carls-Diamante, 2022).


A diferencia de los animales vertebrados, que poseen una médula espinal en el centro del cuerpo y fibras nerviosas que se extienden por los miembros, los pulpos poseen cerca de tres quintas partes de sus neuronas distribuidas en los tentáculos (Carls-Diamante, 2022). Estas se aglomeran en ganglios extremadamente desarrollados que, a su vez, se conectan al cerebro a través de un cordón nervioso en el centro de cada apéndice. Se observa, también, la conexión de los cordones fibrosos de un tentáculo a otro, formando una especie de “anillo nervioso” (Hale, 2025).


Con la existencia de un sistema nervioso tan desarrollado en cada miembro, surge la duda: ¿cada brazo actúa de forma independiente o dependen todos de comandos originados en la porción nerviosa central?


Según Gutnick (2011), el cerebro de los pulpos posee una función de coordinación y locomoción del cuerpo, como se observó en estudios con un tanque de vidrio, en el cual el animal debía usar la visión para guiar uno de sus brazos hacia el alimento sin el auxilio de la información química sensorial presente en el agua. Los intentos exitosos de estos animales consolidaron la existencia de comunicación central con los miembros. Sin embargo, en  general, no hay evidencias claras de un mapa somatotópico organizado en su sistema nervioso central, como el observado en vertebrados, ya que los estímulos generados en diferentes regiones de la parte basal del cerebro pueden generar reacciones en todos los miembros, y no ha sido posible generar respuestas similares en un único miembro selecto. Estos descubrimientos sugieren una reacción motora global por parte del cerebro, siendo necesaria la participación del sistema nervioso periférico para la utilización de un solo brazo en una tarea específica (Carls-Diamante, 2022).


Figura 1. Octopus vulgaris utilizando uno de sus brazos para alcanzar la comida siendo guiado por su visión (Gutnick et al., 2011).


Cada uno de los ocho apéndices demuestra, de este modo, una gran autonomía en sus movimientos, siendo capaces de ejecutar respuestas motoras locales incluso cuando están aislados del control central, tal como se ha observado en experimentos. Entre las acciones observadas, destaca el movimiento de agarre presentado por los brazos opuestos a uno que estuviera siendo tirado, así como el reclutamiento de brazos vecinos para investigar un estímulo aplicado a uno de ellos (Hale, 2025). Además, la gran cantidad de ganglios presentes en los miembros e individualmente en cada ventosa confiere a cada una de ellas la capacidad de procesar directamente la información sensorial captada, relacionando íntimamente el tacto y el gusto de estos animales debido a la presencia de mecano y quimiorreceptores, sobre todo los receptores quimiotáctiles (CRs). Estos son capaces de detectar compuestos químicos disueltos en el agua y otras sustancias a través de las cuales los pulpos logran saber si lo que están sujetando es un alimento adecuado o no, sin depender de la visión o cualquier otro órgano sensorial (van Giesen et al, 2020).

En relación con las adaptaciones y funciones de cada miembro, existe también el llamado “hectocótilo”, nombre dado a la porción distal del tercer brazo derecho, cuyas modificaciones anatómicas y ausencia de ventosas permiten que este tentáculo sea utilizado para la transferencia de espermatóforos durante su reproducción, pudiendo, en algunas especies, desprenderse del resto del cuerpo del macho (Wells, 2013). Esta anatomía única, sumada a su gran capacidad cognitiva, hace que el pulpo sea capaz de realizar hazañas sorprendentes con sus “brazos” inteligentes.

Así, existen diversos registros de la manipulación de objetos por estos animales, tanto como una forma de juego, sin motivo aparente, como el uso de herramientas para modificar el entorno a su favor (Godfrey-Smith, 2016). Como ejemplos, se ha observado en diversas ocasiones el uso de piedras y conchas por parte de estos cefalópodos, manejándolas y desplazándolas con el fin de construir o modificar un lugar para refugiarse (Mather, 1994). Incluso objetos provenientes de actividades humanas pueden ser utilizados por ellos. Existen registros de pulpos cargando por largas distancias cáscaras de coco encontradas a la deriva en el océano. Se apoyan en la superficie cóncava y utilizan algunos brazos para mantenerla suspendida mientras usan los restantes para caminar por el fondo marino (Figura 2). Esta práctica los deja vulnerables durante la caminata, pero el potencial del nuevo objeto parece superar los riesgos temporales de trasladarlo (Finn; Tregenza; Norman, 2009).


Figura 2. Amphioctopus marginatus caminando sobre el fondo marino mientras carga dos cáscaras de coco apiladas (Finn; Tregenza; Norman, 2009). 

Cabe mencionar también una interesante habilidad desarrollada por algunas especies del Orden Octopoda en lo que se refiere a la utilización de los tentáculos en el proceso de camuflaje y huida de estos animales. Diversas especies, como A. aculeatus y A. marginatus, desarrollaron la habilidad de incorporar la caminata bípeda a su forma de locomoción, utilizando dos miembros para caminar mientras usan los otros para asemejarse a objetos sueltos por el fondo del océano, como cocos rodando a la deriva o algas balanceándose con el movimiento de las aguas. De esta forma, son capaces de despistar a los depredadores y locomoverse más rápidamente (Amodio et al, 2021).

La especie Macrotritopus defilippi, por ejemplo, posee la notoria capacidad de, además de camuflarse para imitar a otros animales, moldear sus brazos y cuerpo para adquirir una forma y un patrón de nado similar a ellos (Fig. 3). Estos pulpos utilizan esta técnica para esconderse a plena vista, pudiendo alejarse del lugar de peligro en lugar de permanecer inmóviles a fin de garantizar la permanencia del camuflaje, como ocurre en otras especies (Hanlon; Watson; Barbosa, 2010).


Fig. 3. Macrotritopus defilippi imitando a un pez lenguado (Hanlon; Watson; Barbosa, 2010).

         Resulta clara, de esta forma, la gran complejidad de estos invertebrados marinos, sobre todo en lo que se refiere a la utilización de sus “ocho brazos” para la ejecución de diferentes actividades, ya sea en la obtención de alimento, la reproducción de la especie, la huida de depredadores o simplemente como una demostración de curiosidad a través de juegos. El descubrimiento de estas características los convierte, además de únicos en el reino animal, en objeto de gran fascinación para los investigadores, quienes, cuanto más aprenden sobre ellos, más se dan cuenta de que aún queda mucho que no sabemos sobre estos increíbles animales.




Referencias bibliográficas:

WELLS, M. J. Octopus: Physiology and Behaviour of an Advanced Invertebrate. Dordrecht: Springer, 2013. XIV, 417 p. 

CARLS-DIAMANTE, S. Where is it like to be an octopus? Frontiers in Systems Neuroscience, v. 16, article 840022, 2022. 

HALE, M. E. Octopus as a comparative model for understanding the neural control of limb movement and limb-based behaviors. Current Opinion in Neurobiology, Apr. 2025, v. 91:102982. Epub 21 Feb 2025. 

VAN GIESEN, L.; KILIAN, P. B.; ALLARD, C. A. H.; BELLONO, N. W. Molecular basis of chemotactile sensation in octopus. Cell, 2020, v. 183, n. 3, p. 594–604.e14, 29 Oct. 2020. 

MATHER, J. A. ‘Home’ choice and modification by juvenile Octopus vulgaris (Mollusca: Cephalopoda): specialized intelligence and tool use? Journal of Zoology, 1994, v. 233, p. 359–368.

FINN, J. K.; TREGANZA, T.; NORMAN, M. D. Defensive tool use in a coconut-carrying octopus. Current Biology, 2009, v. 19, n. 23, R1069–R1070, 15 Dec. 2009. 

GODFREY-SMITH, P. Other Minds: The Octopus, the Sea, and the Deep Origins of Consciousness. New York: Farrar, Straus and Giroux (William Collins / HarperCollins ed. in other countries), 2016. 272 p.

GUTNICK, T.; BYRNE, R. A.; HOCHNER, B.; KUBA, M. Octopus vulgaris uses visual information to determine the location of its arm. Current Biology, 2011, v. 21, n. 6, p. 460–462, 22 Mar. 2011. PMID: 21396818.

AMODIO, P.; JOSEF, N.; SHASHAR, N.; FIORITO, G. Bipedal locomotion in Octopus vulgaris: a complementary observation and some preliminary considerations. Ecology and Evolution, 2021, v. 11, n. 9, p. 3679–3684, 5 Mar. 2021. PMID: 33976767. PMCID: PMC8093653.

HANLON, R. T.; WATSON, A. C.; BARBOSA, A. A “mimic octopus” in the Atlantic: flatfish mimicry and camouflage by Macrotritopus defilippi. The Biological Bulletin, 2010, v. 218, n. 1, p. 15–24, Feb. 2010. 


 
 
 

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